El duermevela se conoce como el sopor que no llega al sueño primigenio ni alcanza el ronquido de la felicidad (vecinos aparte). Es un estado intermedio, que suelen tener los niños y los ancianos, sobre todo, placentero, pero con una maldad añadida: al más mínimo ruido, el niño se despierta o el anciano se sobresalta con la típica película de sobremesa televisiva. El duermevela es como el bostezo, que según Eduardo Punset es la única actividad del cuerpo humano que no tiene ninguna función ni sentido alguno. Con el duermevela, ni duermes ni estas en vela (salvo los vaqueros en los western) y con el bostezo no haces otra cosa que poner cara de tonto, según Eduardo Punset. Benito Floro llegó a dar una conferencia en una universidad española sobre la importancia del saque de banda en el juego del balompié. Consideraba que una jugada tan habitual estaba desatendida, Muchos otros entren adores han teorizado y trabajado sobre las jugadas de estrategia a balón parado,otros han pulido el contragolpe, algunos incluso han priorizado la utilización del juego sucio en un deporte de caballeros. De lo que se ha hablado poco es de la importancia del descanso en el fútbol. Lo que pasa en las casetas apenas llega a algunas estridencias, broncas, sustituciones, presidentes que se asoman, micrófonos que se cuelgan en la puerta, centuriones bramando y gladiadores resoplando.
Algo le pasó a la Real Sociedad que no sabemos en el descanso para mudarse la piel, el traje, voltear la cabeza cuando tenía al Madrid a sus pies, rendido y confundido,atrabiliario como una opereta. Era hasta entonces una Real republicana en el Bernabeu, una Real solidaria que asumió el gol de Benzema a los dos minutos con una disciplina espartana y entendió el empate tras el penalti de Adán (con la consiguiente expulsión del portero) como una invitación al optimismo. Fue magnífica la Real en ese primer periodo, con Ruben Pardo en el canal de distribución, con Zurutuza de apagafuegos, a veces desordenado pero siempre dispuesto, con Xabi Prieto de estilista, con Griezmann de amenaza. Llegó el gol del Madrid y llegó el segundo de Prieto, para que el partido trepidase, para que nadie adivinase el final, para que fuera un akelarre de oportunidades entre la voracidad del Madrid, con un Cristiano soberbio, y la templanza de la Real aque entendía la superioridad numérica como una propuesta de paciencia, un cortejo para la victoria.
Y, ¡zas! llegó el descanso, ese momento íntimo del fútbol, el secreto del vestuario, el anónimo de la coral que a veces insufla moral y aveces en el recodó de la bancada te sume en el duermevela. A la Real el descanso le vino fatal y se puso por debajo de su entrenador. Si algo fue Montanier es valiente, jugando con Rubén Pardo y Zurutuza en el centro del campo, con Vela, Ifrán, Prieto, Griezmann. Con todo. Sin miedo. Creyendo en su futuro y en su presente, pero a su equipo le entró el dengue y se diluyó en la segunda mitad como un azucarillo. Ya no corría como antes, ya no quería el balón, a sus futbolistas mágicos se los llevó el viento (Vela, Griezmann). Y el Madrid empezó a correr, a contragolpear. E hizo el tercero y el cuarto, con Bravo de buen colaborador,. de amigo invisible de Ronaldo.
El. duermevela es lo que tiene, que aficiona. El sopor, engancha. Y cuando despertó, el Madrid con diez casi todo el partido le estaba humillando. Le robaba el marcador y la autoestima. Dio otro ronquido Xabi Prieto y firmó un hat trick inútil. Dirá Mourinho que a Iker Casillas le hicieron tres goles y a Adán ninguno. Podría decir Montanier que la tropa no siguió a su general. La Real perdió una batalla que tenía ganada. El Madrid ganó una batalla que tenía perdida. Lloverá mucho hasta que la Real tenga otra oportunidad como esta para inundar el Bernabeu. Pero hoy se quedó seca.
domingo, 6 de enero de 2013
sábado, 5 de enero de 2013
De levante a poniente
No era Cádiz, era Valencia. Ni había viento. Pero en el ánimo rojiblanco surgía el levante que te aturrulla la cabeza y el poniente que te llena de arena la mirada. Entre el uno y el otro, el Athletic cerró los ojos y se quedó mudo y ciego. De nada le sirvió que en la ventolera inicial (y eso que no había viento) lograse un tanto de Aduriz, en cinco minutos. Un gol de listo, de rápido, de inteligente, de tipo preciso. Un gol de delantero centro al que no le importan los centímetros de sus marcadores, sino que juega con la escuadra y el cartabón del gol. Un golazo de los que no salen en la tele porque tienen más elaboración que presencia y ya se sabe que ahora prima el envoltorio. El Athletic, tenía el balón y tampoco le importaba mucho perderlo -que lo perdía- porque lo recuperaba de inmediato. Por momentos parecía el señor de las moscas, yendo y viniendo, yendo y viniendo, mientras el equipo de JIM (visto lo que ha hecho con el Levante, el mejor entrenador del mundo) se quitaba la arena rojiblanca de los ojos y trataba de ver el campo, acosado por las moscas.
Era el partido soñado por el Athletic que le obligaba, con el gol de Aduriz, al Levante a jugar como no quiere: al ataque, en vez de al contragolpe, arriesgando en vez de sorprendiendo, especulando en vez de corriendo. Pero el Athletic no es un equipo de amaneceres. Le sientan mal las fortunas tempranas. Tampoco ayer estaba formado por futbolistas desequilibrantes. Entre Iraizoz, soberbio, y Aduriz, impagable, había una tropa aguerrida a la que Herrera, el capitán futbolístico, no conseguía activar. Obligado a irse muy atrás, por la condición defensiva de Gurpegui, el partido se le hizo grande y el Athletic fue perdiendo voltaje.
La posesión es como el poder, hay que saber utilizarla. Y el Athletic acumulaba posesión como los emperadores acumulaban poder sin saber qué pasaba en los alrededores de su castillo. Diop cogió la bandera del Levante. Creció y creció hasta parecer un gigante imparable. En cierto modo, el senegalés era la suma de Herrera y Gurpegui. Habilidoso como el primero y recuperador como el segundo. Dos por uno.
Tanto fue así que recuperó el balón en un ejercicio estajanovista y se inventó una jugada de ataque que Chris convirtió en gol venciendo la velocidad de un desubicado De Marcos y poniendo el balón en la escuadra. Un gol tan accidental y bello como el del Athletic. Solo con eso, con Diop crecido, el Levante ya tenía ventaja, a la que se añadió la inexperiencia de Laporte, al borde del descanso, cuando midió mal el bote del balón y acabó derribando al delantero levantinista en un acto de ceguera e impotencia. Pecado de juventud. No será el último.Tarjeta roja y expulsión. Y Gurpegui de central en el servicio de urgencias. Y Gurpegui, poco después, despistado, mira al cielo, confunde a Iraizoz que acaba saliendo tarde e Iborra (un jugador con potencial, pero tendente al exceso) cabecea a placer.
Ya era poniente para el Athletic. Rota la magia del gol de Aduriz, remontado sin saber por qué y con un futbolista menos. Ya estaba cegado. Se incrementaban las perdidas de balón, se aceleraban los pases. Nadie mandaba en nada, salvo por la inercia del resultado. Tiene el Athletic un problema, al margen de cualquier resultado: demasiados futbolistas están muy por debajo de su nivel exigible. Muniain (que fue sustituido) es una sombra sin nombre. El que más le mira es Iraizoz, porque sabe que sus pérdidas de balón son un obús contra su portería. Susaeta, Iraola, De marcos,.. Demasiados futbolistas importantes por debajo de su coeficiente futbolístico. Un lujo que no puede permitirse.
El Levante es un equipo razonable. Construido sobre vigas veteranas, dirigido por un entrenador modernista y ejecutado por algunos futbolistas especiales como El Zahar, insolente con el balón, que se construyó el tercer gol con un disparo de esos que invitan al lumbago de los porteros: raso, botón y seco. El Athletic ya cedió la bandera. De nada le había valido el paradón de Iraizoz, minutos antes, en un mano a mano con El Zahar. Esas paradas que te elevan la autoestima. ¡Va a ser que si!, piensas. Pero fue que no porque si algo le sobra al Levante es oficio.
Y el poniente barrió la playa rojiblanca hasta dejarla sin arena. Salio Igor Martínez, pero fue una anécdota. Salio Llorente, pero fue para dar trabajo al árbitro auxiliar anotando la sustitución. Podía haber salido Bielsa, de central, Urrutia de medio centro, Claudio Vivas de portero. El resultado estaba escrito en el viento de levante. Aunque no hubiera viento e hiciera sol.. Ya decía el refrán que "no por mucho tempranear amanece más madruga"
Era el partido soñado por el Athletic que le obligaba, con el gol de Aduriz, al Levante a jugar como no quiere: al ataque, en vez de al contragolpe, arriesgando en vez de sorprendiendo, especulando en vez de corriendo. Pero el Athletic no es un equipo de amaneceres. Le sientan mal las fortunas tempranas. Tampoco ayer estaba formado por futbolistas desequilibrantes. Entre Iraizoz, soberbio, y Aduriz, impagable, había una tropa aguerrida a la que Herrera, el capitán futbolístico, no conseguía activar. Obligado a irse muy atrás, por la condición defensiva de Gurpegui, el partido se le hizo grande y el Athletic fue perdiendo voltaje.
La posesión es como el poder, hay que saber utilizarla. Y el Athletic acumulaba posesión como los emperadores acumulaban poder sin saber qué pasaba en los alrededores de su castillo. Diop cogió la bandera del Levante. Creció y creció hasta parecer un gigante imparable. En cierto modo, el senegalés era la suma de Herrera y Gurpegui. Habilidoso como el primero y recuperador como el segundo. Dos por uno.
Tanto fue así que recuperó el balón en un ejercicio estajanovista y se inventó una jugada de ataque que Chris convirtió en gol venciendo la velocidad de un desubicado De Marcos y poniendo el balón en la escuadra. Un gol tan accidental y bello como el del Athletic. Solo con eso, con Diop crecido, el Levante ya tenía ventaja, a la que se añadió la inexperiencia de Laporte, al borde del descanso, cuando midió mal el bote del balón y acabó derribando al delantero levantinista en un acto de ceguera e impotencia. Pecado de juventud. No será el último.Tarjeta roja y expulsión. Y Gurpegui de central en el servicio de urgencias. Y Gurpegui, poco después, despistado, mira al cielo, confunde a Iraizoz que acaba saliendo tarde e Iborra (un jugador con potencial, pero tendente al exceso) cabecea a placer.
Ya era poniente para el Athletic. Rota la magia del gol de Aduriz, remontado sin saber por qué y con un futbolista menos. Ya estaba cegado. Se incrementaban las perdidas de balón, se aceleraban los pases. Nadie mandaba en nada, salvo por la inercia del resultado. Tiene el Athletic un problema, al margen de cualquier resultado: demasiados futbolistas están muy por debajo de su nivel exigible. Muniain (que fue sustituido) es una sombra sin nombre. El que más le mira es Iraizoz, porque sabe que sus pérdidas de balón son un obús contra su portería. Susaeta, Iraola, De marcos,.. Demasiados futbolistas importantes por debajo de su coeficiente futbolístico. Un lujo que no puede permitirse.
El Levante es un equipo razonable. Construido sobre vigas veteranas, dirigido por un entrenador modernista y ejecutado por algunos futbolistas especiales como El Zahar, insolente con el balón, que se construyó el tercer gol con un disparo de esos que invitan al lumbago de los porteros: raso, botón y seco. El Athletic ya cedió la bandera. De nada le había valido el paradón de Iraizoz, minutos antes, en un mano a mano con El Zahar. Esas paradas que te elevan la autoestima. ¡Va a ser que si!, piensas. Pero fue que no porque si algo le sobra al Levante es oficio.
Y el poniente barrió la playa rojiblanca hasta dejarla sin arena. Salio Igor Martínez, pero fue una anécdota. Salio Llorente, pero fue para dar trabajo al árbitro auxiliar anotando la sustitución. Podía haber salido Bielsa, de central, Urrutia de medio centro, Claudio Vivas de portero. El resultado estaba escrito en el viento de levante. Aunque no hubiera viento e hiciera sol.. Ya decía el refrán que "no por mucho tempranear amanece más madruga"
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